martes, 13 de enero de 2015

¿Quién es María de la Luz Lafarja Urrutia de Cruz? Nuestra Lázara Meldiú



Por: Aarón Vargas Contreras

Tuve el conocimiento de su personalidad en 1958 en la ceremonia de premiación de los primeros Juegos Florales dentro de la Feria de Corpus Christi, de los que fue la principal promotora. En esta ocasión un terceto esplendoroso de ilustres papantecos fueron galardonados como triunfadores: José de Jesús Núñez y Domínguez, María de la Luz Lafarja Urrutia y Carlos Juan Islas Ricaño; lo más granado de la intelectualidad papanteca, en la institución del certamen que le da lustre a nuestra fiesta más significativa del Papantlán.

De Lázara Meldiú se le dio lectura al poema “Papantla, Ciudad Paloma”, así nos introducimos al mundo de nuestra homenajeada, pero con más intensidad 16 años adelante, en 1974, con la fundación del Circulo Papanteco de la Ciudad de México, Distrito Federal.



Reunidos en la casa de la maestra Lafarja, los señores: Lic. Wilfrido Pérez Bautista, Raúl del Cueto Decuir, Dr. Juan Manuel Buil Güemes, Lic. Pablo Buenaventura Gómez Mar, Lic. Carlos Islas Ricaño, Leonardo Zaleta Juárez, Lic. Florencio Azua Gallegos, un servidor y otros entusiastas coterráneos que se integraron posteriormente, asociados por el amor y servicio en la proyección y grandeza de la patria chica, con valores e intereses esenciales en el campo de la literatura, la historia, las ciencias, la jurisprudencia, las artes, la crónica, la radiodifusión y el periodismo; con esta afinidad manifestada por los presentes, nació la asociación civil, en pos de metas muy propositivas.

Desde entonces y sin duda alguna, Lázara Meldiú fue motor de esta agrupación con su entusiasmo vigoroso e imaginativo daba dinámica a las acciones propuestas y realizadas en la ciudad de México y Papantla durante una fructífera década, que culmina en 1984.



Nació el 09 de enero de 1902 en la entonces Villa de Papantla, del estado de Veracruz, hija de don Juan Lafarja Batista y doña Julia Urrutia Márquez de Lafarja.


Cerro del Totonacapan - Obra pictórica


Título: Cerro del Totonacapan
Autor: Susana Adriana Jiménez Reyes
Técnica: Mixta con acrílico en alto y bajo relieve

Décima de Gloria - Décima


A la maestra Gloria Hernández Ariceaga
Por: Epifanio Castillo Santiago

Una décima de gloria
vale más que mil estrellas,
es de las cosas más bellas
que en la senda de la historia
busca el hombre a su memoria.

Hay cosas maravillosas
en esta vida de rosas,
mas los seres de conciencia
forjan para su presencia
de gloria, las más gloriosas.

El cielo azul es precioso
si lo observas con el alma,
cómo el mar de fondo en calma
une su perfil deseoso
ante el manto más hermoso.

Así es una mente pura,
se refleja en su hermosura
cuando alcanza sus ideales
y no hay bienes materiales
sobre su gloria segura.


Por ello y muchas razones
la arcilla de esta memoria
moldeada en surcos de gloria,
barbecha entre mil borrones
cuentos, poemas, canciones.

Y no intento de la historia
saciar mi sed de su noria,
si he de luchar con esmero
para obtener lo que quiero
es mi décima de gloria.

De Noviembre - Poesía


Por: Eduardo Torres Isleño

Sabrás que hay poesía,
que hay pájaros desconocidos y mudos por todo el cielo cancerígeno,
que hay poesía en audífonos secretos y potentes,
donde no se avecina el autobús por suelos interminables
y la central abarrotada de lluvia diminuta,
la angustia que sobra después de la gente parlante, después de la jornada,
entre la alta música del caos,
en la desastrosa charla debajo de los agujereados árboles
los brotes azules de limpio dolor en las palabras simples,
ver a Miriam ocultándome su llanto, en retirada, huyendo,
masticándose la tristeza que le he mostrado.

Y hay poesía, en la apagada linterna de las estrellas,
en las variaciones grises del cambio de clima,
el huracán, el opaco sereno de la mañana,
y los alegres aleteos de las ramas abiertas.
Los engranes oxidados de la voz, el poema del vacio somnoliento
los minuteros desprendidos en las canciones de Coldplay,
hay poesía, en el duelo contra la muerte en una migaja de labios,
paisajes efímeros de aceleradas autopistas,
la interacción cotidiana con los animales domésticos
(¿Qué podría enlistar aún?
Carmen Jones:
un fregadero, una espalda de mujer, una soledad llorosa de gatos amarillos,
sonidos de vasos titilando, y velos anaranjados de luces retiradas.)

Tanta poesía y nadie quien la reciba:
un vals, una fuente, la caligrafía adecuada,
la coloración de las pestañas en los párpados entrecerrados,
el grave desplazamiento de la felicidad, el indiferente anzuelo de la guitarra, Elena Olivares, la sombra, los caminos, los faros infinitos de infinitas avenidas, el teatro la nube, la escuela dentro de las buenas nuevas, y la escuela fuera de los trámites absurdos, el tacto, la pintura, los suburbios cansados de vecinos impertinentes, los tangos eternos, Susana y su boca de fruta, la cima, la maleza,
bejuco tierra cumbre, gavilán enhiesto,
la arquitectura del espacio, el sistema luminoso de la noche,
los cambios las paredes, los limites, el deseo la batalla,
la persistencia la incursión, el espontáneo despertar ilusorio,
el imprevisto aglomerado de poesía triste fugaz, y borrosa

y los árboles. . .

                      no olvidéis los árboles. . .   

Cortés en la Noche Triste

Artículo
Francisco Javier Gutiérrez Hernández

Cortés, no obstante el recibimiento obtenido, no dejó ni un instante de prevenirse contra posibles ataques; dentro del alojamiento repartió las tropas y la artillería. Aunque los españoles podían pasear libremente por las calles y los mercados de la ciudad.
Cortés estaba obsesionado por la implantación de la fe católica en el país conquistado y pretende, por todos los medios, convencer a Moctezuma de que abjure de sus creencias y adopte la de los conquistadores. En una ocasión sube al Templo Mayor y arroja por las escaleras los ídolos aztecas. Poco a poco se va creando un ambiente de oposición entre el pueblo; los españoles no son tan bien vistos y un casique ataca a la guarnición de la Villa Rica de la Vera Cruz, matando al comandante de los españoles, Juan de Escalante. Era lo que el español necesitaba de pretexto, e hizo prisionero al mexicano. Pidió que se le entregara al casique sublevado y lo quemó en la plaza pública como escarmiento. Al mismo tiempo recibía noticias de la llegada a Veracruz de una fuerza compuesta por 18 navíos que portaban 1400 españoles, 1000 indios cubanos y 80 caballos, bajo las órdenes de Pánfilo Narváez; cuyas instrucciones eran las de prender a Cortés. Este con fuerza de 80 hombres, más algunos propios de Narváez, que se le sumaron en el camino, sorprendió a la tropa española e hizo prisionero a Narváez.
Cortés convence a Narváez de la injusticia que se le hace y regresa a México, donde había dejado a Pedro de Alvarado con la mayor parte de la fuerza que tenía. Alvarado, hombre esforzado pero poco político, enterado de que algunos jefes aztecas pretendían atacar, les sorprendió una noche y mató a la mayoría de ellos.
A su regreso a la capital, Cortés encontró una situación muy poco satisfactoria, la población revuelta, Moctezuma muerto por sus propios súbditos cuando pretendía calmarlos y un nuevo emperador, bajo cuyo mando la situación había cambiado radicalmente para los españoles. La entrada de Cortés fue pacífica y no hubo refriegas, pero a partir del momento en que se encerraron los españoles en el palacio donde moraban, éste quedó totalmente sitiado y atacado por todos lados. La entrada de Cortés y sus tropas a palacio fue el 25 de junio de 1520, la salida para escapar del cerco fue el 30 del mismo mes. De noche y luego de haberse repartido el tesoro encontrado en el palacio, iniciaron la retirada.
Después que Cortés repartió sus fuerzas a tres secciones. La primera al mando de Gonzalo de Sandoval, el centro dirigido por el propio Cortés y la retaguardia al mando de Pedro de Alvarado. Esta última fue ferozmente atacada y destruida; el paso por las calzadas y los puentes significó prácticamente la destrucción del ejército español. Al avisar a Cortés de la derrota de Alvarado, quien logró salvarse en compañía de cuatro hombres, de los doscientos que componían su destacamento, al capitán “se le saltaron las lágrimas de los ojos”, quedando la leyenda del “llanto de Cortés en la Noche Triste”.
Cortés emprendió la retirada hacia Tlaxcala, con el temor de que los aliados de poco antes fueran los enemigos actuales, debido a la derrota sufrida. El enemigo no dejaba de hostigarle, hasta que desesperado ante la situación y a pesar de tener la tropa extenuada, hambrienta y desesperada, dio la batalla de Otumba el 7 de julio de 1520, triunfando sobre un enorme ejército azteca. Allí se decidió el destino de México.

Continúa…